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martes, 10 de septiembre de 2013

El centenario Kiosco de Retreta de la Plaza Colón, esperando ser reparado

Postal fotográfica antigua de la Plaza Colón. Al frente, el kiosco, Atrás, el edificio del Correo.
Coordenadas: 23°38'48.55"S 70°23'52.90"W
El Kiosco de la Retreta, que ha sido llamado también la Glorieta o Kiosco Croata y Odeón Eslavo, está situado hacia la esquina interior de la Plaza Colón, la del cruce de calle Prat con San Martín frente a la Intendencia Regional de Antofagasta. Su posición lo destaca en este histórico cuadrante de la ciudad, aunque desde hace un tiempo a la fecha se encuentra aislado de los visitantes.
La obra fue una donación originalmente arreglada por la colonia eslava para la ciudad. Al igual que otros monumentos existentes en la misma plaza, se trataba de un obsequio hecho en el marco general de las celebraciones del Primer Centenario de 1910, pero sólo pudo ser inaugurado con acto público el 26 de marzo de 1911, en el mismo lugar donde se encuentra ahora. La intención de homenajear el Centenario está en una placa colocada en la misma estructura:
LA COLONIA SLAVA
DE ANTOFAGASTA
AL PUEBLO CHILENO
EN CONMEMORACIÓN CENTENARIO
1810-1910
Al parecer, el kiosco vino a sustituir una glorieta o cenador de planta rectangular y fábrica de madera, que existía anteriormente cerca de este lado de la plaza y que era usada por músicos y bandas de guerra, apareciendo en algunas fotografías del período del 1900 y seguramente existiendo todavía cuando tuvieron lugar los infaustos sucesos que culminaron en la masacre del 13 de febrero de 1906, en este mismo sitio.
Imagen clásica de la plaza y el kiosco hacia mediados de siglo, en imagen publicada por don Pedro Encina en su Flickr "Santiago Nostálgico".
Imagen nocturna actual del Kiosco de Retreta.
Durante todos estos años, la obra ha sido un símbolo importante del turismo en Antofagasta. De elegante acabado y levantado con dos pisos en albañilería y metal forjado, el Kiosco de la Retreta fue diseñado con un estilo neoclásico tardío de influencia romántica. La base es una rueda octogonal alternada por caras de muro y arcos de estilo tumido, alusiva a ciertas líneas de arquitectura propias de la cultura balcánica más clásica. A los lados de cada uno de estos arcos, a modo de bigotes decorativos, hay una orla con el blasón del escudo chileno y otra alusivo a los pueblos croatas en su época bajo la Casa de Austria.
El segundo nivel del odeón, al que se accede por una estrecha escala metálica lateral, es de fina herrería artística de barandales, marcos, pilares y encaracolados de estética con influencia quizás francesa o italiana, con un icono de una lira que se repite en las ocho caras de la reja del pretil. Sobre el mismo, una cúpula de membranas y teja escamada, con forja artística y remate de la misma estilización de una lira en el extremo superior.
Como en el caso del rito de besar el pie del indio patagón en el Monumento a Magallanes de Punta Arenas, o del paso bajo el Reloj de la Plaza Prat de Iquique, una leyenda creada sobre este kiosco dice que quien hallándose de visita en la ciudad camine por debajo del mismo monumento atravesando sus arcos, volverá a Antofagasta próximamente o podrá quedarse viviendo en ella si acaso ése es su deseo. Lamentablemente, veremos que esta posibilidad por ahora está bloqueada, aunque espero que no por mucho.
En 1989, la Cámara de Comercio de Antofagasta hizo colocar en una de las bases del kiosco, hacia la cara del lado de calle Prat, una placa y perfil recordatorio de don José Papic, uno de los hombres más valiosos de la historia contemporánea de la ciudad y fundador del Centro para el Progreso de Antofagasta, que dio una lucha incansable por el beneficio de la región. La placa de bronce dice junto a su retrato en relieve:
HOMENAJE A
JOSÉ PAPIC RADNIC
1907-1983
AL HOMBRE VISIONARIO QUE EN EL
GRAN CABILDO DEL 22 DE ABRIL DE
1949 ENSEÑÓ A LOS ANTOFAGASTINOS
LA RUTA CABAL DE SUS PROGRESOS
SOÑANDO Y CREANDO PORVENIR PARA
NUESTRA TIERRA.
CÁMARA DE COMERCIO
ANTOFAGASTA - 1989
Poco después, al comenzar los años noventas, comenzó a surgir la idea de proponer el odeón para la declaratoria de Monumento Histórico Nacional, iniciativa que fue timoneada por la Sociedad Croata de Antofagasta y solicitada directamente a la dirección del Consejo de Monumentos Nacionales.
Así, considerando su "gran valor histórico, arquitectónico y sentimental, tanto para la Colonia Croata residente como para la ciudadanía de Antofagasta", el Decreto N° 512 del 30 de agosto de 1995, declaró al Kiosco de la Retreta de la Plaza Colón como Monumento Histórico Nacional, aludiendo de paso al buen estado de conservación en que se conservaba, gracias a la mantención dada por la propia colectividad croata y la Ilustre Municipalidad de Antofagasta.
Sin embargo, al transcurrir el tiempo y sucesos como el terremoto de Tocopilla de 2007, el elegante kiosco comenzó a quedar en una triste situación de deterioro y mal mantenimiento. La dirección municipal de cultura y turismo determinó también que había descendido el terreno de la superficie en cerca de un centímetro, provocando las fracturas y desprendimientos en sus cornisas. Al aproximarse los días de las fiestas del Bicentenario Nacional, su estado ya era tal que debió ser cerrado al público para iniciar un proyecto de restauración que, se suponía, iba a ser urgente. Para esto, la Municipalidad solicitó recursos a la Sociedad Croata.
El plan de rescate fue preparado por la Municipalidad, la Dirección de Arquitectura del Ministerio de Obras Públicas y la Comisión Asesora de Monumentos Nacionales, con participación de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Católica del Norte. Como primera etapa, se penetró en la loseta para especificar los materiales usados y se exploró al estructura del subsuelo del monumento, esperando determinar el origen de los problemas que experimentaba el mismo.
El año 2011 se precisó que había cierto material de estabilizado que había sido colocado sobre la antigua superficie y bajo la estructura; al año siguiente, se anunciaron los preparativos para una reparación total del odeón. Sin embargo, y por razones que han sido explicadas popularmente en cuestiones de recursos y burocracia, el Kiosco de Retreta sigue en el mismo estado que entonces: aislado, cercado, ajeno al público y esperando por la reparación pendiente que varias veces ha parecido ser inminente, pero aún no se concreta.
Pese a todo, el Kiosco de Retreta estuvo entre los puntos con visitas y charlas guiadas de las últimas jornadas del Día del Patrimonio Chileno, por lo que será el tiempo el que pondrá el capítulo específico que sigue en la historia de este Monumento Histórico Nacional, que aguarda por su pronta recuperación allí en la Plaza Colón de Antofagasta.

viernes, 6 de septiembre de 2013

El "palacio" de los bomberos antofagastinos en calle Sucre

Imagen del cuartel y del teatro, hacia 1920.
Coordenadas: 23°38'51.23"S 70°23'45.65"W
En Sucre 545, entre las calles Condell y Latorre a escasa distancia de la Plaza Colón, se encuentra uno de los tesoros arquitectónicos más importantes y conocidos de la ciudad de Antofagasta: el imponente y palaciego Cuartel de la 1ª Compañía de Bomberos Bomba Antofagasta y también de sede principal del Cuerpo General de Bomberos del puerto, instituciones fundadas los días 4 y 5 de abril de 1875, respectivamente.
Fue también entre las actuales calles Condell y Latorre, pero en lo que ahora es el Paseo Prat por entonces calle Lamar, que tuvo lugar el catastrófico incendio del día 2 de abril de 1875, drama que motivó la rauda creación de un cuerpo de bomberos para Antofagasta con un concurrido acto público organizado en el ex Teatro Nacional, que había sido la primera sede de los voluntarios antes de trasladarse a un terreno de calle Sucre adquirido al señor Jorge Bornett. Esta etapa inicial de los bomberos antofagastinos está registrada por Ramiro Martos en su obra "Cuerpo de Bomberos de Antofagasta", publicado en 1886.
Cabe señalar que, poco antes de la fundación, se había extendido una campaña municipal para recolectar fondos entre los vecinos, con el objeto de reunir erogaciones "las cuales sirviesen para fundar en este pueblo un Cuerpo de Bomberos análogo a los que existen en Chile y que seria el primero con que contaría la República de Bolivia". Sin embargo, como hace notar Oscar Bermúdez Viral en "Orígenes históricos de Antofagasta", este plan fracasó y no fue sino hasta la tragedia de calle Lamar que se pudo constituir un cuerpo de bomberos.
Edificio del cuartel, la residencia de estilo georgiano y el teatro, también hacia 1920.
Vista actual del edificio del cuartel.
Cerca de 70 miembros de distintas nacionalidades y estratos sociales conformaron esta primera generación de voluntarios. Su primer carro fue un rudimentario porta-escalas de tiro a mano, con hachas, baldes y otras herramientas. Uno de los primeros desafíos de este cuerpo fueron los incendios ocurridos el 9 de mayo de 1877, a consecuencia del gran terremoto. Como en aquellos años bajo control boliviano -en virtud de los tratados de 1866 y 1874- la representación del país altiplánico se reducía casi exclusivamente a personal militar y policial, la administración directiva del cuerpo quedó en manos de la Policía Nacional de Bolivia.
Al viejo edificio le fue construida una fachada en 1882, ya con el territorio reincorporado a la soberanía chilena desde inicios de la Guerra del Pacífico. Tenía un portón de acceso con dos hojas y un escudo al centro y encima, contando con un salón y sala de guardia interiores. Ese mismo año adquieren un nuevo carro lanza-aguas, construido por la Fundición Orchard, comenzando a mejorarse la implementación del servicio.
Empero, el espacio y la construcción misma eran bastante modestos e incómodos por lo que, dos años después en una reunión de directores que debió realizarse en la Aduana de Antofagasta justamente por estas mismas restricciones, se propuso comprar terrenos adyacentes al cuartel y que pertenecían a don Francisco Bascuñán, pero que iban a salir a remate tras embargo. El encargado de la adquisición fue el Comandante Honorario Don Anastasio Bello Orozco.
El levantamiento y ampliación del siguiente edificio quedó a cargo del arquitecto Santiago Shank, quien logra ganar con su propuesta de reconstrucción de la fachada por la suma de 2.300 pesos. Los trabajados se realizaron afanosamente hacia noviembre y diciembre de 1887, siendo concluidos hacia fin de año.
Por desgracia y singular ironía, sin embargo, un voraz incendio destruyó gran parte de este edificio durante el año siguiente, obligando a nuevos trabajos en los que se aprovechó de habilitar más salas y habitaciones cerca del frontis.
La historia del actual edificio allí emplazado comienza en 1904, cuando el Cuerpo de Bomberos de Antofagasta elabora un proyecto para la construcción de su propio cuartel general y sede de las Compañías 1ª a 4ª que ocupaban la propiedad. Una comisión especial presentó los planos respectivos al Honorable Directorio General, poco después. Y en 1910, año del Primer Centenario, la colonia italiana de Antofagasta donó a la ciudad la pesada campana que se colocaría posteriormente en la cúpula de la torre y que aún se encuentra en el cuartel. Tres años después, tras un largo estudio y recolección presupuestaria, la construcción del cuartel definitivo quedó a cargo de una comisión compuesta por Arturo Magda, Antonio Luksic, Santiago McDonal’s y, como consultor técnico, el Ingeniero Luis Ab-El-Kader.
De esta manera, el actual cuartel fue inaugurado oficialmente el 5 de abril de 1914, con un acto realizado en la Plaza Colón y una posterior recepción en el entonces flamante edificio de calle Sucre, con presencia de altas autoridades locales, consulares, dirigentes institucionales y benefactores de la compañía, quedando el discurso de presentación a cargo del entonces Vice-Superintendente del cuerpo, el Doctor Ismael Larraín Mancheño, figura de alto valor en la historia médica chilena del cambio de siglo.
El verdadero palacio neoclásico es de grandes dimensiones y de los últimos de su tipo que sobreviven en esta cuadra, alguna vez enseñoreada también con el elegante Teatro Victoria, que se hallaba casi exactamente vecino a la sede de los bomberos y que hoy está reemplazado por una sosa construcción más moderna. Sólo los separaba una residencia de estilo georgiano que tampoco se conserva ya, por desgracia, aunque fue demolida en tiempos posteriores a los de la destrucción del teatro. El cuartel fue uno de los primeros edificios construidos en Antofagasta en el siglo XX, además.
La elevada construcción roja de perfiles color crema es muy sólida, lo que ha facilitado su mantención y buen estado: hormigón sobre bases de vigas metálicas y relleno de concreto, madera, caña y revoque, además de ornamentación exterior de albañilería. En cielo y pisos se empleó el sistema de machihembrados de madera. Acusa influencia francesa y romántica propia de su período, distinguible en la decoración y detalles estilísticos.
Se compone de un zócalo base con cinco vanos-accesos a la sala baja, tres de ellos para paso vehicular con altos arcos de campanel y dos laterales más estrechos, de entradas a pie y con arcos escarzanos. El segundo nivel, separado por falsas cornisas y balcones abalaustrados del zócalo, destaca por sus arcos con marco, rebajados y de medio punto, estos últimos en pares. El tercer y cuarto nivel, separados por un contorno de balcones enrejados, lo da la elevación de la torre central: el primero, con un gran ventanal también en diseño escarzano, y el segundo con un par de arcos de medio punto en cada cara. El remate está en una cúpula en falsa mansarda de estilo parisino, con mirador superior y corona de tímpano triangular sobre sus vanos principales, funcionando como quinto nivel donde se encontraba la vieja campana italiana de emergencias, con sus 500 kilos, cuyo sonido ahora es reemplazado por una potente sirena.
Esta fachada es característica y casi icónica, todo un símbolo para la institución. Sus líneas de arcos y pilastras fueron definidas por un proyecto encargado en su época a la casa de arquitectos Carruthers, a un costo cercano a los 40 mil pesos cubiertos por los propios voluntarios a través de subvenciones, rifas y encuentros a beneficio, según leo en el sitio oficial del Cuerpo de Bomberos de Antofagasta.
Interiormente, el inmueble tiene la gran sala de vehículos en el primer piso, donde se guardan los carros bombas, y se accede al segundo por una elegante escala de madera que da directamente a las oficinas y salones. En la actualidad, destacan allí especialmente el despacho del Director del Cuerpo de Bomberos de Antofagasta, la Sala de Reuniones, el Casino de la Compañía bautizado Gilberto Velasco Iglesias desde el año 2007, y el Salón de Honor bautizado Capitán Manuel Olivera Jorquera, también el 2007, en honor al mártir de la Compañía fallecido trágicamente ese mismo año. Aunque trataré de hacer alguna entrada a futuro sobre éste y otros mártires de bomberos de Antofagasta, cabe señalar que Velasco no es el único fallecido en servicio de la 1ª Compañía de Bomberos: también está el caso de Carlos Oyarzún Cortés, en 1994.
La importancia del edificio no era sólo como sede bomberil: también fue lugar de grandes bailables bohemios, fiestas populares y encuentros sociales, en especial su segundo piso, llegando a albergar tal cantidad de gente que, en 1942, debieron reforzarse con vigas de acero las estructuras del Salón de Honor, trabajo que quedó encargado al bombero arquitecto Jorge Tarbuskovic Dulcic, con varias obras de importancia a su haber curricular. Las vigas iban a ser compradas a la Compañía Salitrera Tarapacá y Antofagasta, pero la firma finalmente las donó como contribución al servicio del Cuerpo de Bomberos de la ciudad.
Por Decreto Supremo N° 0340 del 1° de julio de 1992, el edificio del Cuartel General de Bomberos de Antofagasta fue declarado Monumento Histórico Nacional, en gran medida por muchos de los valores y características que se han descrito en este texto y a pesar de que problemas de financiamiento casi llevaron a la venta y destrucción del inmueble en alguna oportunidad.
En otro aspecto del edificio, hubo un tiempo en que se habló con insistencia de apariciones fantasmales dentro del cuartel, particularmente de un personaje que solía hacerse visible en las noches, vistiendo un uniforme de la vieja usanza del siglo XIX. Los voluntarios terminaron adoptando al pavoroso personaje con el que decían tener que convivir en varias guardias nocturnas y que no hacía otra cosa que caminar apaciblemente por el interior del edificio. Su alma en pena pertenecería a un legendario voluntario que se suicidó dentro del cuartel, según el mito.
En un sitio web leo también de la presencia de un denominado fantasma de pantalones blancos allí en el edificio, además de ruidos misteriosos de máquinas de escribir y campanazos espectrales sin origen identificable. El antiguo uniforme era precisamente de camisa roja y pantalones blancos, como solía aparecer este fantasma, según lo que se cuenta. En diciembre del año 2003, además, habría ocurrido un intrigante suceso que revivió la leyenda, cuando un camión dentro de la unidad avanzó casi 10 metros a pesar de estar vacío y con el freno de mano activado, incluso realizando una maniobra para eludir un obstáculo.
Acogiendo héroes, mártires, historias y hasta fantasmas, entonces, el edificio del Cuartel General de Bomberos de Antofagasta se erige como una de los más importantes ejemplos arquitectónicos de la ciudad y de sus principales atractivos patrimoniales.